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© 2019 por Eduardo Alonso-Crespo

 

Juana, la loca: Sinopsis

Acto Primero

Escena I: La Llegada.- En el centro y a escenario completo, los nobles y el pueblo de Flandes celebran bulliciosos el inminente arribo de Juana para contraer matrimonio con Felipe. Los cantos del coro enmudecen repentinamente al surgir el barco que trae a la princesa hispánica. Juana aparece con toda la dulzura y la sencillez de sus 17 años y canta admirada a la frondosidad y belleza del paisaje flamenco, tan contrastante con la aridez de la meseta castellana. Felipe le interrumpe, impactado por la tierna estampa de Juana y el enamoramiento es instantáneo. Pueblo y nobles cantan el encuentro mientras Felipe, cautivo de tan fuerte atracción, manda a buscar un sacerdote para celebrar la boda y poder consumar la unión, sin esperar los festejos.

Escena II: El escenario aparece dividido en tres sectores. En ellos se desarrollan simultáneamente tres acciones diferentes, dos de ellas mudas mientras se canta en la restante, y así rotando sucesivamente. Una de ellas corresponde a una furtiva reunión política en el despacho de Fernando, la otra corresponde a la noche de bodas de Juana y Felipe, y la tercera al lecho de muerte de Isabel.

Escena IIa: El Destino.- En el sector central y hacia arriba del escenario, está el despacho de Fernando, donde se discute secretamente las conveniencias políticas de la boda de Juana. Sólo Lope de Padilla objeta la insensibilidad de la clase gobernante hacia la joven y la manipulación que se hace de su futuro.

Escena IIb: La Noche.- Hacia la derecha del escenario, en medio de un paisaje cargado de una sensual vegetación y aves nocturnas, con surcos de aguas blancas enervando la densa y sofocante geografía, se encuentra el lugar donde la joven pareja vive su primera noche de amor, iniciando una intensa y enfermiza pasión que no se detendrá ni ante la muerte.

Escena IIc: La Herencia.- A la izquierda, acompañada por dos monjas, Isabel, la Católica proclama a Juana como legítima heredera en su lecho de muerte. En un postrer golpe de melancolía, la madre recuerda el afecto y las esperanzas puestos en su joven hija.

Escena III: El Juramento.- (Nuevamente a escenario completo) Isabel ha fallecido y Juana es recibida por las Cortes de Castilla, que le juran lealtad y fidelidad como la nueva soberana, mientras ella promete gobernar con equidad, siguiendo la voluntad de su madre. Como presente para la ocasión, el Almirante de Castilla ofrece la danza de los nativos del Nuevo Mundo. Distraídos todos por el espectáculo y aprovechando la situación, la copa de Felipe es envenenada, aparentemente a instancias de Fernando. En medio de la algarabía nadie nota el desfallecimiento del príncipe hasta que Juana en persona se acerca para invitarlo a cerrar los festejos. Con un grito desgarrador comprueba la tragedia, tratando desesperadamente de retener la vida de su único ser querido.

Acto Segundo

Escena IV: Escenario nuevamente dividido, esta vez en dos sectores, con dos escenas simultáneas, una muda mientras se canta en la otra y viceversa.

Escena IVa: La Obsesión.- Al fondo de la escena, detrás de tules y cortinados negros, Juana atraviesa la meseta castellana aferrada al ataúd de Felipe, cantándole como si aún viviera y negándose a asumir su muerte. Dos monjas tratan inútilmente de convencerla de dar sepultura al cuerpo de Felipe.

Escena IVb: El Juicio.- En un primer plano, Fernando ha convocado al Tribunal (el Obispo, el Militar y el Juez) para acusar a Juana de locura y reclamar para sí el derecho a gobernar. Usa como prueba la triste escena que se desarrolla por detrás, que parece mostrar a Juana prodigando cuidados al cadáver de su esposo. A pesar de la defensa de Lope de Padilla, el Tribunal dictamina que Juana está loca y debe ser apartada de sus obligaciones.

Escena V.- La Liberación.- Encerrada en un lúgubre castillo, Juana ha quedado víctima de un destino que no buscó y despojada de su única y juvenil aspiración: la voluntad de amar y ser amada. Los fantasmas de su vida la atormentan en una mezcla de acusaciones y nostalgias. Juana revive, en su frágil equilibrio, los instantes de felicidad de aquella noche en que conoció el amor. Pero pronto queda claro que su única chance es liberarse de su circunstancia a través de la locura: la libertad de los locos. Con el coro reclamando paz para Juana, la reina rompe sus últimos vínculos con el mundo de la razón.